jueves, 30 de octubre de 2008

Falsa Cubana



El Sur también existe


Falsa Cubana es una banda que se formó en Trelew pero hace siete años se instalaron en la gran cuidad. Grabaron el demo “Marlon Bransen” y están preparando un disco con algunos integrantes de Pampa Yakuza como productores. El bajista Denis Davier charló en Baldosas Flojas.


La Patagonia es un lugar con paisajes espectaculares, como extraídos de un cuento infantil donde lo bello y lo bueno pueden convivir con armonía, aunque esto solo exista en los relatos fantásticos. Falsa Cubana esta compuesta por Agustín Paz (teclados), Emiliano Crespo (baterista, guitarras, coros), Rodrigo Paz (Guitarra y coros), Ivan Petrusic (Voz), Juancho Sampini (percusión y bateria), Sebastián Urbano (saxo), Sebastián Surquia (percusión), Denis Davier (bajo); este último habló con Baldosas Flojas y habló de la banda, de su "variado" estilo músical que de repente "puede mezclar Ska con Candombe, reggae, rock", aunque admitió que sobre todas las cosas "les gusta meter pachanga y cumbia".


En este primer disco tienen de productores a algunos integrantes de Pampa Yakuza...

Nosotros tenemos un demo que se llama “Marlon Bransen” y ahora estamos haciendo un disco en serio con los chicos de Pampa en la producción. Ellos nos ayudaron a mejorar y crecer en varias cosas, ellos ya tienen tres discos en la calle, suenan muy bien, y a nosotros es una banda que nos gusta mucho. Los chicos de Pampa nos enseñaron a encontrar el tiempo de cada instrumento, a buscar nuevos sonidos y a investigar, pero sobre todas las cosas a crecer tanto como músicos como personas.


¿En qué etapa de la producción del disco están y cuándo calculan que estará en la calle?

Estamos en la post producción, tenemos 12 temas y creemos que en noviembre saldrá un adelanto de seis temas para seguir laburando el disco que saldría en enero del año que viene. Te anticipo que en algunos temas estarán Gustavo y Ariel Viale percusionista y baterista de Pampa Yakuza.


¿Adónde apuntan a la hora de componer?

La mayoría de los temas salen de reuniones entre nosotros, de anécdotas, cuando estamos en los asados salen historias que pueden ser de algún conocido y así van quedando los temas. Para este disco tenemos más de la mitad de los temas de anécdota de un viaje que hicimos todos juntos a Perú y a Bolivia.


¿Cómo es Trelew en materia musical?

Antes había mas concentración en estilos como el punk y el rock alternativos y nosotros éramos como bichos raros que buscábamos la fusión, pero ahora con las bandas que van para allá hay mas apertura musical. Si bien nosotros estamos hace siete años instalados acá en Capital y Gran Buenos Aires, dos o tres veces al año nos vamos a tocar ahí y tenemos más aceptación. Quizá muchos empiecen a entienden nuestra mezcla musical.


¿En donde les gustaría que los reconozcan más?

La idea es hacer una carrera en donde podamos desarrollarnos y tocar que es lo que más nos gusta hacer, pero no nos olvidamos de nuestra provincia porque el sur también existe.

martes, 21 de octubre de 2008

Boleros psicoanalizados

Jorge Vigetti, director de la obra de teatro "Sabor A Freud", escrita por José Pablo Feinmann, charló con BALDOSAS FLOJAS y contó cómo fue pensada la puesta en escena y el trabajo que hizo con los actores para que los sábados a las 21 hs la gente se divierta, piense, analice y se lleve algo del teatro Boedo XXI.


Unir a la psicología, la filosofía, el humor, el cine, los boleros, el amor, la esquizofrenia, la desgracia, la racionalidad y la irracionalidad en una misma pieza teatral sólo lo puede lograr una de las mentes más lucidas que tiene nuestro país, es decir, José Pablo Feinmann en su escrito "Sabor A Freud". Jorge Vigetti la eligió para representarla porque "andaba buscando una obra con este estilo, muchos se sorprenden que José haya escrito una comedia, pero justamente esta particularidad hace que tenga de todo o mejor dicho que no le falte nada"
¿Qué significa dirigir una obra de José Pablo Feinmann?
Cuando pensas en el se te viene a la cabeza el intelectual, el filosofo, el escritor, el amante de cine, el loco lindo, el gordo bueno, por ello todo esa capacidad esta reflejada en el texto, por suerte el otro día vino a la función y le encanto la puesta y eso, tanto a mi como a los actores, nos llena de satisfacción.
¿Cómo resumiría "Sabor a Freud"?
Es una comedia. Todo pasa en un consultorio donde hay un psicoanalista racional y una paciente esquizofrénica, que parece retrotraída, pero cuando se suelta es una cantante de boleros muy pasional, que hará de la sesión una cita, echando a los demás pacientes y haciendo que la sesión que debía durar 30 minutos dure tres horas. El consultorio se convierte en un lugar donde lo inconsciente se apodera de ambos.
La mujer se convierte en un terremoto que lleva la situación a lo que realmente les gustaría haber sido, a la década del cincuenta con boleros, recuerdos y el anhelo de ser estrellas de cine de esa época como Humphry Bogart e Ingrid Bergman.
Para que te des una idea de lo ambigua que es la obra, la paciente termina ayudando a resolver los conflictos al psicólogo que por su pasado no se animaba a bailar boleros como antes, ni siquiera se anima a cantarlos, ahí es donde afirmo que Feinnman agrega todo lo que sabe y le gusta.
¿Cómo fue el paso del texto a la obra y el manejo de los personajes por parte de los actores?
Esta obra tiene mucho texto por eso fue muy llevadera, igualmente los dos actores, Susana Fernández y Hugo Varelo estaban muy entusiasmados. Al principio hicimos ejercicios para ir llevándolo porque ambos actores debían interpretar dos personajes diferentes y disimiles entre ellos por eso era fundamental el entender bien de qué se trataba. La técnica que utilice fue el juego de cambiar personajes, cambiar roles, ellos estaban muy entusiasmados y eran como los alumnos aplicados, venían a los ensayos con más cosas sabidas de lo que se les pedía. Así seguimos hasta el final, la verdad que fue muy lindo el proceso, realmente jugamos y disfrutamos cada ensayo, era como unir acordes hasta que llegamos a la canción deseada. Además hay una puesta en acción que está a cargo de Soledad González, escenógrafa y vestuarista, en donde hay proyecciones sobre los actores, se muestra el inconsciente, las partes de las películas que van recordando ellos, es muy divertido.
¿Cómo es la devolución del publico?
Al termino de cada función la gente me viene a decir que le gusto, que se divirtió y que va a venir con un amigo o pariente que tiene alguna relación con estos personajes, vuelven y me vienen a presentar al que vino por primera vez a ver la obra
¿Qué cree que el público rescata de la obra?
Depende... algunos con el bolero, otros con la psicología, con el amor, la filosofía, el cine, la década del cincuenta o simplemente con la historia de dos personajes. Es muy amplia la propuesta pero se divierten y más temprano que tarde se quedan pensando en esto.

Darío Gunsberg

viernes, 17 de octubre de 2008

El fin justifica los medios

La obra teatral "Las mujeres de los Nazis" es una trilogía dirigida por Héctor Levy-Daniel, Clara Pando y Laura Yusem de hechos y personajes que existieron en realidad y que forman parte de nuestra historia. El nazismo es un tema apasionante, cuando hablamos de su origen, su desarrollo y su ocaso no podemos dejar de nombrar la palabra complicidad la cual parece que se había instalado en esa sociedad con la frase "el fin justifica los medios".En esta obra se puede abordar tres historias de mujeres que fueron tan cómplices como victimas, utilizadas y abusadas por un régimen que arrasaba, dominaba y superaba hasta sus propias vidas.
En el teatro Patio de Actores las obras que forman parte de este espectáculo son:
"La inquietud de la señora Goebbels" cuenta el drama de Magda Goebbels, la esposa del Ministro de propaganda Nazi, quien tuvo un amante judío.
"La convicción de Irma Grese" una joven enfermera alemana quien junto a Menguele rigió el destino de miles de personas en Auschwitz.
"El dilema de Geli Raudal" sobrina de Hitler, con quien sostuvo una relación amorosa que probablemente la condujera mas tarde al suicidio.

"Las mujeres de los nazis", trilogía de Héctor Levy-Daniel se puede ver todos los sábados a las 20 en Patio de Actores, Lerma 568, Ciudad de Buenos Aires


Jimena Coultas

lunes, 6 de octubre de 2008

La próxima ola

Chiquito me dice que mire. A mí mucho no me convence porque me ponen nervioso los prolegómenos de los partidos. Pero ahora, por el tablero del estadio, esta hablando Clinton. Lleva puesta la camiseta del equipo norteamericano y un gorro en la cabeza con las orejas de Mickey. Desea buena suerte a los finalistas y asegura que, para el próximo Mundial, los homosexuales serán admitidos en el team nacional con la condición de que no frecuenten los vestuarios. El público delira. Apenas desaparece Clinton de la pantalla irrumpen las porristas en la cancha. Algunas están muy buenas y saltan y bailan como locas. Ya no se pondrán detrás de los arcos, seguramente, despues de que, en el partido contra Italia, Batistuta casi le arranca la cabeza a una de ellas. Estaba sacudiendo uno de esos cosos peludos que agitan y cayó como fulminada por el pelo- tazo. La sacaron entre cuatro. Un vocero de prensa de la Casa Blanca dijo que estaba fuera de peligro, pero ayer Havelange prometió que una tribuna del nuevo estadio japonés, Hokusai Kimoto, llevara su nombre: Susan McDaniel. Ahora hay una sensacional toma del estadio enfocado desde un satelite artificial. No se ve mucho por la nubosidad del hemisferio norte, pero Nenín comenta que nunca ha visto algo asi, salvo en los noticieros del mediodía. Sin embargo, hasta ahora, nada como la cámara metida dentro de la pelota. Ya nos habían sorprendido con los enfoques desde cámaras embutidas en los postes y el travesaño, con las cámaras adosadas a los banderines del corner y con las cámaras disimuladas dentro de las bocas de riego, pero lo del partido Alemania-Grecia, con la cámara metida dentro de la pelota Adidas Sitting Bull, superó todo lo imaginable. Es cierto que el Alex, promediando el primer tiempo de ese alocado ir y venir de la visión por todo el campo. comenzó a descomponerse y tuvo que ir al baño a vomitar, pero, sin duda, tardaremos un tiempo en habituar nuestros sentidos a las nuevas posibilidades de la tecnología. Ahora el público hace la ola. Los norteamericanos, en su mayoría, lucen sombreros que simulan delfines. Otros, cachalotes. Algun pingüino. Es los que más los ha divertido del Mundial y ya se organizan, en ciudades como Detroit y Maine, concursos para ver que parcialidad hace la ola más alta o mas veloz. Se habla de organizar un Torneo de Ola que unifique a todo EEUU. Un joven de Michigan, incluso, intentó hacer surf sobre una de las olas y se estrelló contra una de las torres de iluminación. Fernando no puede con sus nervios, ha tomado una barbaridad de café y se fumó dos etiquetas de cigarrillos. Apuesta a como saldrá Basile. El Colorado asegura que saldrá normal, simplemente. Yo no diría lo mismo. Las presiones de la industria son muy grandes. En el arranque contra España, a los técnicos no se les permitía, todavía, salir del banco de suplentes. Luego alguien se dió cuenta de que, al publico norteamericano, le enfervorizaba ver a los técnicos abalanzarse sobre la línea de toque y gritarles a sus dirigidos. Ya para la segunda ronda a los técnicos se les exigía abandonar sus asientos. Y en el partido contra México Basile salió vestido de gaucho. El público enloqueció de verdad. Alfio debía simular enojarse cuando los rivales atacaban y revolear frenéticamente su facón cuando nosotros replicábamos. Pero la gente estalló en serio cuando se trabó en lucha contra el técnico azteca vestido de mariachi. Eso estuvo lindo. Alex sostiene que es todo una payasada. Pero, en definitiva, peor le fue a Parreira, el brasileño. Le llegó un fax presionándolo para que saliera vestido de rumbera, tipo Carmen Miranda. Dicen que la eliminación de Brasil le costó a Parreira que no lo contratara el Manchester United. Pero se ganó, en cambio, un suculento contrato para bailar en el Caesar's Palace de Las Vegas. Sale Argentina a la cancha. Siento un nudo en el estómago. Y hay otro detalle técnico que nos da vuelta. Ahora es una cámara oculta en la lengueta del botín zurdo de Caniggia. Parece que entraramos todos a la cancha y que fueramos muy bajitos. Vemos llegar la pelota e irse como un balazo en una visión de vértigo. La barra brava argentina, que ha llegado en el avion presidencial a ver la final, se hace oir en una de las cabeceras del estadio, la más alta, a la que apuntan siempre los bateadores. Justamente, Macaya Márquez hace un sobrevuelo melancólico sobre las estrellas del ayer, Jose Manuel Moreno, Pedernera, Alfredo Distéfano, Baby Ruth, Joe Di Maggio. La banda de música de las porristas ataca ahora con "El escondite de Hernando" en homenaje a nuestra música. Ya lo hizo con el tango "Celos" de Gades, cantado por Arnaldo André (que vive en Miami) trabajosamente, con una rosa encarnada entre los dientes. Sabemos que Valeria Lynch hará la versión de nuestro himno. "Es notable --dice Chiquito-- cómo esta gente puede programar absolutamente todo, prever hasta el último detalle, pero no puede evitar que haya cosas que siempre se le escapan. Cosas que no pueden controlar". Asentimos. Es muy cierto. Sale Irak a la cancha.



"La próxima ola", de Roberto Fontanarrosa

martes, 30 de septiembre de 2008

Mecánicos

Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día. indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.Yo no le hice caso pero el se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tire en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.--Sos un cabeza hueca--me decía.Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata.Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezo a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles.Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigueñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "Carajo, qué mal trabajan los franceses" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis:--Doce-- le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles . Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era mas atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las verguenzas con los restos de un mantel. Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida. Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateo con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como una gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.--Andá--me dijo--. Presentate al regimiento como mecánico, que te salvas de los bailes y las guardias.Ese año hice mas de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para el su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.


Osvaldo Soriano, extraído de "Cuentos de los años felices" (1993)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Resumen de noticias

El pánico causado por la (según analistas de la plata grande) caída, quiebra, pero nunca sumisión de Leheman Brothers pone en jaque a casi todas las economías mundiales. La recesión que amenaza a los Estados Unidos es algo así como un monstruo, más fiero que todos los feos y sucios que habitan el planeta. Los buenos, bellos y blancos están preocupados. Aquí, justo aquí a la vuelta, un pibito de no más de nueve años le pide una moneda a todos los que pasan por la vereda. Los mercados en la Argentina sufren la crisis internacional, la caída del índice MerVal parece no conocer fin. En el mundo, la preocupación es grande, el cielo está a punto de estallar con yenes, dólares, euros, pesos y oro. Una nena, de repente, aparece sola en un vagón del San Martín caminando con un montón de estampitas de distintas vírgenes que su mano casi no alcanza a sujetar. Cuatro años tendrá, más o menos y con suerte pronuncia como un tarareo: "no tiene una moneda por favor". El riego país llega a los 758 puntos, dice JP Morgan. Los bonos caen alrededor de un cinco por ciento. La cosa está jodida entonces. Qué significaría: "Todo se va al carajo". George Bush está convencido de que el sistema financiero no colapsará. Los chicos que trabajan como telemarketers no se preocupan y cada tanto llaman ofreciendo novedades imperdibles al costo de una pierna de Messi. Si, los posibles jóvenes de la Argentina del futuro trabajan por 600 pesos, a comisión, pero, ojo, tienen media hora de gracia en la que deben comer, mear, charlar, fumar y tomarse un clonazepam. El temor porque la historia se repita y un nuevo acabose económico como el crack de 1929 aparezca entre las hordas de trajeados, afeitados al ras y con perfume francés pone en evidencia que hasta los elefantes pueden caer producto del soplido de un bebé. La tarde del conurbano está soleada y fresca. Un obrero regresa de su trabajo, cruza la calle con la radio en su oreja. Escucha el sorteo de la quiniela. La sirena de una ambulancia suena cinco cuadras para el lado de la estación. La noticia del suicidio de un muchacho de treinta y cinco años llega más tarde, pero segura. No tiene nada que ver con la quiebra Leheman Brothers, a algunos los mata la soledad. Los millones de las reservas, los millones de las quiebras y de las guerras qué son, dónde viven, en qué mundo, acá, muchos pibes mueren entre desidia, resignación, hambre y sin saber. Los desnutridos, los hambrientos, los nada sólo serán tapa de los diarios cuando se coman entre ellos. A la gente le gusta el morbo, dirán. Wall Street cayó un 2,5, Londres un 3,92, París, 3,78...


Lucas Frioli

miércoles, 10 de septiembre de 2008

“La sombra de mi alma”, de García Lorca

La sombra de mi alma
huye por un ocaso de alfabetos,
niebla de libros
y palabras.
¡La sombra de mi alma!
He llegado a la línea donde cesa
la nostalgia,
y la gota de llanto se transforma
alabastro de espíritu.
¡La sombra de mi alma!
El copo del dolor
se acaba,
pero queda la razón y la sustancia
de mi viejo mediodía de labios,
de mi viejo mediodía
de miradas.
Un turbio laberinto
de estrellas ahumadas
enreda mi ilusión
casi marchita.
¡La sombra de mi alma!
Y una alucinación
me ordeña las miradas.
Veo la palabra amor
desmoronado.
¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor!
¿Aún cantas?

Federico García Lorca