sábado, 31 de enero de 2009

Nunca te olvidaremos


Alejandro Sokol cumpliría este viernes 30 de enero, 49 años. No está con nosotros, pero el mundo rockero lo mantendrá vigente siempre por su actitud rebelde que tanto hace falta en estos momentos.

Cuando uno está de vacaciones trata de disfrutar al máximo el tiempo: ir a la playa o a pasear por el lugar de veraneo, salir, volver, descansar... El tiempo dedicado a las noticias, aquí, era muy poco.
Pero por fuerzas mayores a veces uno se entera de las cosas. Así fue que este martes 13 de enero, después de volver de la playa, me enteré que Alejandro Sokol había fallecido por un ataque paro respiratorio.
La noticia me dejó perplejo, quisiera que no fuera cierto. La angustia y los recuerdos que provocó su partida preveía una jornada difícil.
No hace mucho que lo vi
cantar con El Vuelto, su nueva banda, después de la desvinculación de Las Pelotas, en el Microestadio de Argentinos. Allí, el “Bocha”, con muchas ganas, bailaba con temas de sus bandas preferidas, de Sumo y otros tantos de su nuevo proyecto
Pensar que no estará más arriba de un escenario es algo difícil de imaginar. Pero así será, aunque la memoria siempre lo tendrá presente como este 30 de enero, fecha en la que hubiese cumplido 49 años.
Llamativamente los medios toman a su muerte como un hecho aislado y sospechosamente, algunos, como es lógico, lo tildan de “rockero” y “reventado”. Para Baldosas Flojas, sin embargo, Sokol estará siempre presente como un tipo que portó la bandera de la rebeldía, por pensar que con una canción se puede cambiar la forma de vida o generar conciencia y no aceptar lo que nos imponen. Eso era Sokol, eso, es ser rebelde.
Estos tiempos, en los que la cirsis
se roba todos los títulos de los matutinos y no dejan lugar para pensar, alguien que pensaba en intentar cambiar, debe estar, si dudas, bien protegido en nuestro corazón. “Bocha”, nunca te olvidaremos...


Darío Gunsberg

jueves, 29 de enero de 2009

"¡Amigos, no hay amigos!", exclamó el filósofo


"«¡Amigos, no hay amigos». Más bien se confesará: sí hay amigos, pero es el error, la ilusión acerca de ti lo que los ha conducido a ti; y deben aprender a callar para seguir siendo amigos tuyos; pues casi siempre tales relaciones humanas estriban en que nunca se digan, ni siquiera se rocen, cierto par de cosas; pero en cuanto estas piedrecitas echan a rodar, la amistad va detrás y se rompe. ¿Hay hombres que no resultarán mortalmente heridos si se enterasen de lo que sus más íntimos amigos saben de ellos en el fondo?", pregunta el filosofo Friedrich Nietzsche, quien con una sinceridad absoluta marca algunas pautas, para nada convencionales, respecto de la amistad. “El último encuentro”, de Sándor Márai (novelista, ensayista y dramaturgo húngaro) corre por estos carriles. Dos preguntas. Dos amigos que compartieron más de la mitad de su vida juntos se reencuentran con el propósito de develar los secretos que se interponen entre ellos. Una cena, con charlas que recorren viejos tiempos, por senderos, a veces bifurcados, se adueña de la puesta dirigida por Gabriela Izcovich.

“El último encuentro”, que con sobrada experiencia interpretan Duilio Marzio, Fernando Heredia e Hilda Bernard, pone en discusión algunos convencionalismos relacionados con las traiciones y las fidelidades. Se arriesga a buscar una vuelta de tuerca más noble a un relación a menudo conflictiva, atada a circunstancias particulares muchas veces condicionantes.
La obra abre y cierra puertas, deja puntos suspensivos y atrapan las conversaciones profundas. Dos amigos y una vida por delante. Dos amigos y la muerte por delante. Nada más y nada menos...


Jimena Coultas.
Especial para Baldosas Flojas


“El último encuentro”, de Sándor Márai
Dirección: Gabriela Izcovich
Interpretes: Duilio Marzio, Fernando Heredia e Hilda Bernard
Teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062, Ciudad de Buenos Aires
Funciones: Jueves, viernes y sábados 21. Domingos 20.30
Entradas: Desde $ 65

Cómo se curan las heridas

Lucila Teste comienza a girar sobre su eje con las manos abiertas. Una música fina pero imprescindible acompaña las vueltas. Gira con torpeza, como los chicos, esperando el mareo final. De un momento a otro, dos o tres gritos desgarradores se suceden. La actriz está naciendo, Lucila Teste es hija de la dictadura. El recorrido que propone la puesta así lo plantea. Se presiente. En la obra, Teste quiere compartir su experiencia con el público: llorar, gritar, jugar con los personajes. La dictadura le robó todo, marcó sus tiempos y condicionó su crecimiento. Cuando se enteró que sus padres integran la lista de desaparecidos, no entendió. Cuando entendió los porques, su infancia le pareció ajena.

El monólogo autobiográfico que elaboró Lucila Teste junto a Arià Clotet es un ir y venir de recuerdos, mezclas de frustraciones e impotencias, con los golpes bajos propios e inevitables del caso que cargan de sentimientos la puesta. Un manejo de los espacios que recrea paso a paso sus desventuras, pero que, no obstante, generan lugar a un halo finito, casi imperceptible, de esperanza que resultaría difícil de explicar en pocas líneas. Un bello poema de Juan Gelman recorre la obra con la mediación vocal de Cecilia Roth:

“...Con este poema no tomarás el poder, dicen...
Con estos versos no harás la revolución, dicen...
Ni con miles de versos harás la revolución, dicen...”

“HIJA de la dictadura argentina”. Monólogo autobiográfico, de Lucila Teste y Arià Clotet.
Dirección: Arià Clotet
Interprete: Lucila Teste
Sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación, Avenida Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires
Funciones: Desde el viernes 30 de enero, 6, 13, 20 y 27 de febrero a las 21. Cinco únicas funciones.
Entradas: $ 30


Lucas Frioli




Fin de semana de rock

Si estás en la Costa Atlántica o en Buenos Aires, Baldosas Flojas te recomienda algunos espectáculos.


Viernes 29 de enero

Mística

Parada 23, Costanera y 23, Santa Teresita. A las 16.

La Petisa

Mr. John Bar, 32 entre 5 y 6, Santa Teresita. A la 1.30.

Científicos del Palo

La Mula Plateada, Alem 3425, Mar del Plata. A las 23.30.

Riddim y Kameleba

Abbey Road, Juan B. Justo 620, Mar del Plata. A las 24.


Sábado 30 de enero

Mística

Mr. John, 32 y 5, Santa Teresita. A las 22.

Las Pastillas del Abuelo (a las 19.15), La Franela (a las 18.15) y Pablo Guerra (a las 17.30)

Parque Roca, Roca 3490. Gratarola


Domingo 1 de febrero

Cielo Razzo

En Playa Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos. A las 17.



lunes, 26 de enero de 2009

Entrevista a Ingrid Pelicori: “El teatro es un lugar de resistencia”

La actriz charló sobre la obra “Grande y pequeño”, de Botho Strauss que protagoniza junto a Horacio Roca en el Centro Cultural de la Cooperación.


Ingrid Pelicori habla con la pausa propia de la tranquilidad. Esa pausa, sin embargo, se irá desvaneciendo cuando el tema a explicar le resulte más o menos visceral. A mucha distancia, incluso, se percibe su amor incondicional al teatro y a casi todo lo que lo constituye. Participó en más de treinta obras. Es, además de actriz, psicóloga, egresada de la Universidad de Buenos Aires y traductora. Sus palabras fluyen casi a la par de sus razonamientos, vuelve a los temas de fondo todo el tiempo y no se pierde de la pregunta en cuestión.
Carlota, sin embargo, deambula con sus tragedias, va y viene, busca, pero poco encuentra. Es ilusa y demostrativa. “Es un personaje tan frágil, vulnerable y tan lleno de amor que no sabe donde ponerlo porque, además, ella ahoga a la gente. Pero este personaje muestra al mundo cómo es. Es un mundo muy poco receptivo a lo sensible, es un mundo duro, egoísta, con poca piedad, con poca compasión. Es una critica a nuestro mundo, a nuestra sociedad”, explica Pelicori sobre Carlota, la mujer que encarna en la obra “Grande y pequeño”, de Botho Strauss y que protagoniza junto a Horacio Roca.
Carlota parece un personaje particular, pero no lo es. Es decir, pueden encontrarse muchas mujeres con esas características.... ¿Qué piensa al respecto?
Sí. Con el público nos viene pasando mucho. Te dicen “soy yo, soy yo...” O te dicen: “Soy yo en una época” o “es mi tía”. Es que hay algo reconocible, pero hay algo reconocible a nivel universal. Esa necesidad de amor tan enorme que no se puede colmar. Ese huir de la soledad de una manera tan graciosa, patética y conmovedora a la vez es reconocible. La soledad es parte de nuestra condición. Todos queremos no estar solos y todos estamos solos. En este sentido, este personaje lo lleva como a un colmo, pero en ese colmo hay una verdad profunda de todas las personas...
¿Qué opinión le merece la dramaturgia de “Grande y pequeño”?
Es una obra que a mí me entusiasmó mucho por eso nos embarcamos en hacerla, de encontrarle una manera para hacerla porque en realidad la obra tiene muchos personajes y una protagonista. La protagonista sí, es el personaje que hago yo, los otros personajes en esta puesta están realizados por un solo actor que es Horacio Roca. Con el director Manolo Iedvabni se resolvió hacer todo con un único actor. Es, a la vez, un maestro de ceremonia, donde él mismo va creando los distintos espacios escénicos. Botho Strauss es un autor muy importante en Alemania, de los dramaturgos vivos, es, quizás, el más reconocido, se lo representa mucho en Alemania y en toda Europa. Por alguna extraña razón en Buenos Aires se lo ha conocido muy poco. Solamente se hizo antes una sola obra de él que se llamaba “El tiempo y la habitación” que también la dirigió Manuel Iedvabni. Es un autor muy importante, un gran autor que toca los grandes temas de la condición humana con gran profundidad, con gran humor, con ternura y mucha poesía. Además son personajes que para los actores es un placer poder realizar
Junto a Manuel Iedvabni participó ya en dos puestas: “Conversación en la casa Stein sobre el ausente Sr. Von Goethe”, de Peter Hacks y “La buena persona de Se-Chuan”, de Bertolt Brecht. “Con Manolo nos une una relación muy linda, hemos trabajado mucho y somos amigos. Él cree mucho en el actor, lo estimula y además sabe lo que quiere del


espectáculo, lo que quiere decir y lo que quiere provocar”, reflexiona quien con los años se encaminó como una de las mejores actrices a nivel nacional.
“Grande y pequeño” es difícil de clasificar. Se mezclan allí cuestiones existenciales y humoradas. La obra del alemán Botho Strauss provoca conforme a características propias de la comedia y del drama unidas, ensambladas con cuidado a veces y sin tanto reparo en otras. Ingrid Pelicori dice que “corresponde a la nueva dramaturgia en la que las cosas no son tan claras. La comedia, la tragedia, el drama. En esta hay humor, pero también hay un derrotero que también es conmovedor. Alguien que es una perdedora que va por la vida buscando el sentido, que no lo encuentra y, poco a poco, va enloqueciendo. O sea, también es duro, también habla de un mundo muy individualista, egoísta. Es una obra que tiene muchas resonancias, por muchos lugares y temas profundos, temas importantes de la condición humana.
¿Considera usted que el teatro es un espacio donde la critica al capitalismo y sus procesos de individualización son más firmes?
El teatro es un lugar de resistencia. Resistencia a ciertas cosas del capitalismo, por ejemplo, desinterés económico, más allá que exista un negocio en el teatro. Esta enorme cartelera de la que estamos orgullosos de Buenos Aires, muchas veces significa muy poca rentabilidad para las personas que lo hacen. A parte de eso, el teatro es un lugar de encuentro entre las personas, es un lugar donde con poco se puede producir, a veces, no hace falta una gran producción para hacer algo de calidad y donde este encuentro entre los humanos se produzca. El hecho teatral es una reunión entre personas donde todas juntas se ríen, llorar y celebran a la condición humana y eso, de por sí es una resistencia al capitalismo.
Si Ingrid Pelicori tendría que elegir una frase de la obra, aquélla que más la conmovió o mas la hizo pensar, optaría por: “Desde que conozco la preocupación no necesito ilusiones ni alegrías, la preocupación es capaz de llenar totalmente al hombre, la alegría nunca podrá conseguirlo...”


Lucas Frioli

Entrevista a Lucila Teste: “Me es difícil tomar distancia para analizar la dictadura”

Presentará en cinco únicas funciones su obra “Hija de la dictadura argentina”, en el Centro Cultural de la Cooperación. “Venir a Buenos Aires a hacer la obra cierra el círculo por el cual comenzó todo esto”, explica la actriz.

“Hija es mi homenaje personal a mis padres y, a los que como ellos, soñaban con un mundo mejor”, dice Lucila Teste, la actriz que se atrevió a llevar al teatro la historia que marcó su vida. Hija de desaparecidos durante la última dictadura militar, Teste armó y coordinó junto a Ariä Clotet la obra “Hija de la dictadura argentina” que ya se presentó en varias ocasiones en el ciclo “Teatro por la identidad” y que desde el 30 de enero hasta el 27 de febrero podrá verse todos los viernes a las 21 en el Centro Cultural de la Cooperación.
¿Sobre que trata “Hija de la dictadura...”, cómo surge y por qué?
Hija en un monólogo autobiográfico en el que narro, a través de pequeñas anécdotas, mi historia como hija de dos abogados desaparecidos durante la última dictadura militar argentina, en noviembre del 76. Surge a través de mi viaje a Barcelona, hace ya 8 años, y como una necesidad personal de enseñar a través de mi arte, que es el teatro, mi búsqueda personal.

¿Qué significa para vos hacer esta obra en Buenos Aires?
Venir a Buenos Aires a hacer la obra cierra el círculo por el cual comenzó todo esto. La pieza trabaja sobre la idea de ritual circular y comienza con mi viaje. Hacerla acá cierra ese viaje y da sentido a su razón de existir. Además de enfrentarme a mí misma, con las sensaciones más fuertes que la obra puede generar, por su cercanía con la herida, que considero aún abierta.
A casi 33 años del comienzo de la última y más cruel dictadura en la Argentina, ¿cómo la analizas desde afuera?
Me es difícil tomar distancia para analizar la dictadura, ya que soy una víctima directa de ella. La herida que ha dejado la dictadura sobre la sociedad argentina es muy difícil de digerir. La generación de los hijos somos parte de este proceso de recuperación. Y seguramente, nuestros hijos también lo serán.
¿Es esta una obra con un perfil basado en la puesta en tela de juicio de lo identitario?
No lo pone en tela de juicio. Pero sí explica mi búsqueda personal de mi propia identidad. Una historia, que quise compartir con el público.

Lucila Teste nació en Buenos Aires, en 1976. En 2000 se radicó en Barcelona, España, donde continuó su trabajo como actriz. En la distancia, lejos de esta tierra mezquina que sólo le ha convidado tragos amargos, pero que, sin embargo, no se resiste a resignar, perfeccionó sus estudios en danza contemporánea y se le animo al tango. Es, además, integrante de la “Asociación de Actores y Directores profesionales de Catalunya”, de la Asociación de mujeres creadoras “Projecte Vaca” y miembro-fundadora de la Compañía Entropia Zero, en la que participa como actriz y creadora de distintas puestas. La secuelas de la dictadura todavía le duelen, no obstante el teatro, parece, la libera de las ataduras que predestinaron su vida. Como muchos, Teste busca compartir el dolor.
¿Qué diferencias existen entre Barcelona y Buenos Aires a nivel teatral? En cuanto a espacios, actores, escuelas, obras...

Cuando voy a Buenos Aires y veo la cantidad de teatros que se han abierto en los últimos años, las salas llenas, y la gente recomendándote obras para ir a ver, reconozco que me da un poco de envidia, ya que a Barcelona le falta mucho para esto. La cultura del teatro en Buenos Aires ha tenido un resurgir increíble. Casi cualquier espacio es válido para montar una pequeña sala de teatro.
En Barcelona esto es más difícil. Sin embargo, se ven obras muy interesantes con influencias del teatro que se hace en el resto de Europa. En este sentido es vanguardista, y da lugar a la experimentación.
A nivel de escuela, el teatro en Argentina trabaja a partir de la creatividad del propio actor, y a veces se queda sólo en lo mental. En Barcelona, he aprendido a trabajar a partir del cuerpo y de las emociones que pasan a través de él, como un trabajo más físico, y para mí, más real. Creo que la combinación de ambos trabajos es lo interesante.


Lucas Frioli

martes, 20 de enero de 2009

Entrevista a Lizardo Laphitz: “A mí me tocan muchas cosas de mí personaje”

Actúa y dirige en la obra “Cena entre amigos”, de Donald Margulies. Dice que Agustín Alezzo es su maestro y que pensó mucho la posibilidad de volver a actuar. Laphitz se siente a gusto con su personaje “porque, como todos, Tomás necesita ser escuchado sin ser juzgado. Eso es muy importante”





“Cuando la leí, sentí que tenía que actuarla. Sentí que tenía ganas de volver a actuar...”, recuerda que reflexionó Lizardo Laphitz cuando la actriz Cecilia Chiarandini le acercó la obra “Cena entre amigos”, del estadounidense Donald Margulies. Como a su personaje Tomás, le costó mucho tomar la decisión, pero no se arrepiente. Lo enorgullecen, las cuatro funciones semanales en “El duende”, la sala de su “maestro” Agustín Alezzo con la mayoría de las butacas ocupadas. “En principio no estaba en los planes de que él dirigiera. Le alcanzamos la obra para charlar y compartir ideas. Yo trabajo con él desde hace 32 años. Le encantó la obra y cuando estábamos hablando, en un momento me dijo que quería sumarse, que quería trabajar. Yo, encantado, porque él es mi maestro. Trabajar con él es seguir aprendiendo”, explica respecto a la impensada situación de codirigir esta puesta con Agustín Alezzo, uno de los más importantes y respetados directores del país.

¿Por qué eligieron esta obra de Margulies?

No sé, surgió así, sin pensarlo. La obra es muy buena. Es una obra que está muy bien escrita, es una obra sencilla, donde toca un tema que es bastante importante, como la convivencia, el matrimonio... Es un material que nos gustó mucho y además porque tiene mucho humor. Esto es importante

La obra es una critica a las uniones forzadas, los matrimonios estancados, el terror a la soledad y el miedo al cambio... ¿Cuánto consideras que se manifiesta esto en nuestra sociedad?

Yo no diría que es una critica. Margulies, con mucha inteligencia, muestra las distintas posiciones, los distintos puntos de vista con respecto a esas cosas. Nunca juzga, nunca critica. Muestra cómo la gente vive esas situaciones y las elecciones que hacen algunos y los efectos que tiene sobre otros. En este caso, son dos parejas muy amigas, de toda la vida. El conflicto se plantea a partir de que uno de ellos decide separarse y encarar una nueva relación y lo que produce en el otro matrimonio... Creo que esto sucede mucho en esta sociedad, sabemos cuántas separaciones y cuántas cosas hay. Todo lo que pasa en una ruptura. Es algo muy común, muy corriente, lo vemos a diario...

¿Qué piensa de su personaje Tomás, por momentos, puesto en el rol del malo de la película?

No lo vivo como el malo de la película. Con los amigos se plantea como una cosa que no está bien y él tiene sus argumentos que a mí me parecen muy válidos. Yo lo defiendo totalmente. Además como actor tengo que defenderlo, sino no lo podría actuar. Es una posición de las tantas que hay en estas situaciones. A mí me parece que si él lo siente así, si es su deseo, su necesidad, me parece correcto, como también entiendo la necesidad del otro matrimonio de no enfrentar eso. Entiendo también que el otro matrimonio busqué todas esas cosas que hagan posible que ellos sigan juntos, más allá de que tengan las carencias que tienen, las dificultades que tienen. Cada uno hace lo que puede...

La obra es intensa, está permanentemente en un ritmo en el que siempre parece que está por pasar algo importante y la atención no se pierde durante la puesta... ¿Cómo se logra mantener la atención del espectador?

Si uno acierta en el ritmo de la obra, ya está acertando mucho. En el que está escrito. Evidentemente el autor, tiene una idea muy clara de la estructura y si uno pesca eso, ocurre eso, captas la atención del espectador permanentemente,. Si vos cerrás ese ritmo, se puede volver difícil. Esa obra, si no está en ese ritmo, se hace insostenible. Si no tiene el humor que tiene, me aparece que también no se puede sostener.

¿Qué frase es la que más lo cautivó de su personaje?

No sé si hay una. A mí me tocan muchas cosas de mí personaje, por ejemplo, porque, como todos, Tomás necesita ser escuchado sin ser juzgado. Eso es muy importante. Esta necesidad de ser escuchado, sin ser juzgado, es muy importante. Nosotros juzgamos a la gente sin escuchar, ni comprender hondamente lo que está ocurriendo. Creo que perdemos de vista al otro. Yo tengo mucho contacto con la gente adolescente. Cuando él dice: “qué ejemplo le estaría dando a mis hijos, todos somos incapaces de cambiar nuestras vidas, si hiciste algo mal, te equivocaste, qué lastima, tenés que vivir el resto de tu vida con esto”. A mí me parece que esto redondea un poco el pensamiento de él y me parece muy sano lo que el dice. Yo escucho, por otro lado, a mis alumnos en clase y dicen: “yo no entiendo porque no se separan, si viven tan mal”. Muchos matrimonios permanecen juntos para no amargar a sus hijos, pero están sosteniendo algo que no tiene sentido...



Lucas Frioli